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#lasolidaridadnocierra

Una invitación solidaria

En primer lugar, perdonad mi intrusión. Espero y deseo que estéis bien. Os escribo desde la premisa de compartir con vosotros una visión ética de la vida y del mundo y un anhelo de justicia y solidaridad. Este anhelo se hace más concreto y urgente en ciertos momentos, en que, como en el presente, a bastante gente le falla el suelo debajo de los pies y sienten caerse a un vacío angustioso.

Quiero haceros partícipes de la campaña iniciada por Cáritas Diocesana de Bilbao «La solidaridad no cierra». Podéis acceder a ella en siguiente enlace: www.lasolidaridadnocierra.eus

Estoy convencido de que todas las personas que leéis estas líneas quisierais que la justicia se concretara en medidas legales efectivas, que no dejaran a nadie en la cuneta. Ese debe ser un objetivo permanente; sin embargo, la experiencia nos enseña que, a pesar de que este objetivo se materialice en no importa qué grado, las situaciones concretas son mucho más fluidas que los supuestos contemplados por las leyes, que, inevitablemente, son limitados y sometidos a las necesarias rigideces administrativas. De ahí que la sociedad civil deba ir siempre por delante de la ley, dando y exigiendo respuesta a nuevas situaciones. Es lo que pretende Cáritas.

Por desgracia, está muy extendida la creencia de que «lo que se necesita no es caridad, sino justicia», como si la caridad fuera enemiga de la justicia. Nada más lejos de la verdad. El Papa Pablo VI lo dejó muy claro al afirmar que «la justicia es la medida mínima de la caridad». En una homilía que predicó en Bogotá el 23 de agosto de 1968, decía lo siguiente:

¿Estamos seguros de que, frente al mito moderno de la efectividad temporal, la caridad no es pura ilusión ni una alienación? Tenemos que responder sí y no. Sí, la caridad es necesaria y suficiente como principio propulsor del gran fenómeno innovador de este mundo imperfecto en que vivimos. No, la caridad no basta si se queda en pura teoría verbal y sentimental (Cfr. Mt. 7, 21) y si no va acompañada de otras virtudes, la primera la justicia, que es la medida mínima de la caridad, y de otros coeficientes, que hagan práctica, operante y completa la acción, inspirada y sostenida por la misma caridad, en el campo específicamente variado de las realidades humanas y temporales.

La situación actual desborda en muchos sentidos las condiciones para las que está ordenada nuestra sociedad. Hay que ir, por tanto, más allá del ordenamiento ordinario. En buena parte y, por suerte, la parte más importante, es lo que los gobiernos, a todos los niveles, están tratando de hacer, al aprobar paquetes de medidas que eviten el colapso social. Esa «buena parte», sin embargo, no alcanza al todo. La campaña de Cáritas no es una alternativa, sino un «ir más allá», a los confines a los que las medidas legales no llegan; es, por así decirlo, la vanguardia de la exigencia de la justicia y del ejercicio de la solidaridad.

Aquí me paro, pidiendo de nuevo disculpas por esta intrusión. Al freno que ella supone me ha hecho sobreponerme la exigencia moral de no pecar por omisión.

Cada quien conoce lo que hace, lo que puede, lo que debe y en qué se concreta todo ello. A mí me ha parecido que Cáritas nos ofrece una vía de concreción que merece la pena tener en cuenta, sabiendo que su red capilar, formada por más de 2.500 personas voluntarias, conoce muy bien la realidad y llega a todos los rincones de Bizkaia. Os vuelvo a indicar la página: www.lasolidaridadnocierra.eus

Eskerrik asko por vuestra comprensión y paciencia.

Cuidaos y cuidemos a los demás

Gaspar Martínez Fernandez de Larrinoa

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