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¿Esta crisis nos afecta por igual?

El día a día de las personas más vulnerables

Esta situación inédita que estamos viviendo tiene consecuencias ya conocidas: el virus no discrimina, pero golpea especialmente a los colectivos más desfavorecidos. No todas las personas disponen de los mismos recursos para hacer frente a las necesidades derivadas de esta crisis; algunas, incluso, no son titulares de los mismos derechos.

Cáritas Bizkaia atendió el pasado año a 12.531 personas de las que 7.341 eran extranjeras, lo que supone un 58,5% del total. Este número no representa a la totalidad de un colectivo tan diverso, puesto que nuestro acompañamiento está orientado a quienes se encuentran en una situación vulnerable, pero sí podemos afirmar que a las personas extranjeras se les aplica una legislación específica que condiciona claramente su proyecto migratorio. Y, ahora más que nunca, esa especificidad está teniendo consecuencias negativas.

¿Te imaginas que no has podido obtener tu autorización de residencia y trabajo, porque no cumples los requisitos de la Ley de Extranjería, y debes salir a comprar o a cuidar a una persona mayor que necesita tu compañía? Vas a trabajar o al supermercado cercano a tu casa y solo ves policías en las calles. Al temor de que te denuncien por no cumplir las normas derivadas del confinamiento, se une el miedo a que te pidan la documentación. Pueden iniciar un procedimiento sancionador porque estás en situación irregular, así que la expulsión es una amenaza que te acompaña en estos tiempos inciertos.

¿Y qué me dices de la educación de tus hijos? Compartes vivienda con otra familia para poder hacer frente a los gastos, y apenas disponéis de espacio físico para tanta gente. La economía familiar tampoco te permite pagar una conexión a Internet, por lo que la brecha digital se concreta en una preocupación que te quita el sueño: tus hijos se quedarán rezagados en el aprendizaje y su esfuerzo de estos meses tal vez no sea suficiente para alcanzar el nivel de quienes sí cuentan con los medios para seguir las clases online. Viniste aquí buscando un futuro mejor para ellos y no hay duda de que la educación es fundamental para evitar la transmisión generacional de la pobreza.

En tu caso, perder el trabajo no solo significa quedarte sin ingresos económicos con los que mantener a tu familia, sino volver a una situación administrativa irregular. Tal vez no puedas renovar tu autorización de residencia y de trabajo, y sin permiso te va a resultar mucho más complicado encontrar un empleo digno en el futuro. Además, has estado atento a las medidas estatales que se han ido aprobando durante el estado de alarma en tema de alquileres, servicio doméstico o sector agrario, por poner algunos ejemplos, y has comprobado que estaban destinadas exclusivamente a las personas migrantes en situación regular. No te puedes permitir la irregularidad sobrevenida para afrontar los duros meses que se avecinan.

¿Y has pensado lo que sería vivir el confinamiento sola, con tu familia a miles de kilómetros de distancia? Al principio se preocupaban por ti, porque las noticias que les llegaban a través de los medios de comunicación y las redes sociales no eran demasiado tranquilizadoras, y ahora eres tú la que temes que el sistema sanitario de tu país de origen no garantice la salud de tu gente. La ansiedad, el estrés o la depresión se convierten en compañeros no deseados.

Este virus nos ha enseñado la fragilidad de la vida, pero no todas las vidas se han revelado igual de frágiles y por eso la respuesta debe ser universal. No hay un “nosotros” y un “ellos”, sino un mundo interdependiente en el que debemos cuidarnos para cuidar, porque del bienestar de todas y todos depende nuestra supervivencia.

#lasolidaridadnocierra

Susana Cuesta

Responsable de Cooperación Internacional y Migraciones

Cáritas Bizkaia

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