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Desde la ventana del Hogar de acogida de Gorliz

La vida nos ha cambiado con el estado de alarma

No salimos de casa, no estamos con el profesorado, con los compañeros, compañeras, amistades, voluntariado. El hogar es ahora todo nuestro mundo. Se han parado todas nuestras actividades de ocio, tiempo libre, extra-escolares… La habitación y el hogar se han convertido en una gran aula, un gimnasio, un centro de animación, ludoteca, sala de juegos, cine, biblioteca…Las tecnologías nos facilitan el contacto visual, sustituimos visitas presenciales por virtuales y aprendemos a usar diferentes recursos digitales.

Pero la solidaridad se abre camino. Algunos centros escolares están colaborando de manera extraordinaria, proporcionando ordenadores al alumnado. El profesorado se entrega y esfuerza a fondo para que los niños y niñas puedan seguir el curso escolar con las menores dificultades posibles.  El personal del hogar también ha puesto a disposición sus propios ordenadores para facilitar las tareas. Se esta dando un trabajo colaborativo entre los menores ayudándose a quien presenta dificultades. También esta el voluntariado que mantiene el contacto telefónico y el vecino que oferta, de ventana a ventana, un aparato de televisión “como sois muchos yo os puedo dar otro tv”. Hasta el municipio se vuelca dándonos mascarillas de elaboración propia.

El personal se ha tenido que reconvertir ejerciendo labores de profesorado, terapeuta, animación sociocultural, tiempo libre, pilates, yoga, euskaldantzak, zumba… siendo una parte fundamental la gestión de las llamadas de la familia, del voluntariado, de la persona coordinadora, terapeutas y gestiones sanitarias, de Urbiltzaile de la Ertzantza para valorar y recabar información sobre el estado y necesidades del hogar….

El día amanece con sus rutinas y las nuestras comienzan a las nueve menos cuarto con los tres txikis, inquietos y ansiosos por iniciar la jornada. El resto necesita ayuda. Vamos habitación por habitación, tocando en sus puertas: “toc, toc” “egun onnnnn”. Van incorporándose a la mesa de desayuno que han preparado la víspera. Desayunamos compartiendo las incidencias del día anterior, planificamos la jornada, alguno refunfuña (mal despertar), animamos, motivamos y bromeamos, el humor que no falte.

Después toca la toma de temperaturas y registro a la vez que dibujamos en nuestras manos el dichoso “bichito”, covid-19, con objeto de sensibilizar y controlar el tan imprescindible lavado de manos.

Después del aseo personal y recogida de habitaciones, se establecen dos grupos de trabajo: primaria e infantil comparten espacio y ordenador y el resto, que desempeña la tarea en sus habitaciones.  A la una Jolasordu/recreo compartido por todo el grupo. Si bien la tecnología se ha impuesto en todas nuestras áreas de desempeño, en este momento le dejamos un lugar a los juegos tradicionales, saltando a la cuerda, pelota, juegos de habilidad, destreza, … juegos participativos, inclusivos, sin límite de edad, que contribuyen al entretenimiento además de generar actitudes de colaboración, de respeto, asunción de normas y creando sentimiento de pertenencia. Es el momento en que nos sentimos afortunados por disponer de un pequeño espacio al aire libre que nos permite disfrutar en compañía.

Después de comer tenemos un momento damos Informativo para conocer la información referente al Covid-19 y sus repercusiones, surgen preguntas e inquietudes. Por la tarde tienen tiempo libre y descanso y cada uno elige su actividad, viendo la tv, juegos de mesa, teléfono móvil… A media tarde se retoman los retos o actividades planteadas, haciendo grabaciones y montajes de videos en algunas ocasiones. Y a las ocho no faltamos ningún día a la cita de agradecimiento

Todas estas acciones se repiten diariamente para conseguir que nuestra chavalería pueda desarrollarse de forma sana y plena, pudiendo alcanzar el mayor número de oportunidades posibles.

Unos días cuesta más que otros, pero la alegría y cordialidad del grupo se mantiene. El personal deja en la puerta sus situaciones personales y ponen todo su empeño en generar situaciones de confort y alegría sin dejar de poner los límites necesarios que contribuyen a la convivencia y la superación personal. Nos acompaña la idea reconfortante del compromiso y la esperanza de fortalecimiento tras la oportunidad que esta novedosa situación nos ha proporcionado a todo el grupo que hoy más que nunca lo vivimos como nuestro hogar.

Olga Latorre

Coordinadora del hogar de Gorliz

Cáritas Bizkaia y Fundación Eguzkilore

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